Tecnología punta para pinturas del Siglo de Oro


La cámara de Doña Sancha vuelve a su aspecto original con unas obras que han cambiado de lugar, piedra a piedra, su monumental portada, y los trabajos de restauración de las pinturas murales del XVI que fueron arrancadas hace 56 años. Es el primer peldaño para la remodelación integral del Museo de San Isidoro.
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Hace algo más de un año, el 21 de mayo para ser precisos, representantes del gobierno autonómico, del cabildo isidoriano y de la Fundación Montemadrid firmaron y comunicaron una colosal remodelación de la Real Colegiata y su museo que haría de ella un «centro cultural de vanguardia» con un presupuesto de 4,8 millones de euros. Como ya anteriormente —una década atrás— otro anuncio similar no llegó a materializarse, ha venido siendo lógico, estos meses, hablar de cierto escepticismo.

Pero el proyecto ha comenzado y camina a buen ritmo al menos en lo que respecta a su primer peldaño. Tal y como comunicó a este periódico la Fundación Montemadrid y confirmó y amplió la Dirección General de Patrimonio de la Junta, los trabajos continúan «conforme a los planes previstos».

«Acaban de terminar las obras de restauración de la cubierta de la cámara de Doña Sancha y está a punto de terminar el traslado y la recolocación de la portada renacentista que comunicaba la cámara de Doña Sancha con la biblioteca, y eso a cargo de uno de los mejores maestros canteros que hay en España —transmitieron desde la Fundación Montemadrid—. Por otra parte, continúan las obras de restauración de las valiosas pinturas de este espacio».

Ese trabajo al que se referían los responsables de comunicación de la Fundación se refieren a una de las estancias más complejas y curiosas de ese recinto religioso, histórico, peregrino y cultural que es San Isidoro. La cámara de Doña Sancha contenía excelentes pinturas murales, del siglo XVI y anteriores, que fueron en su mayor parte arrancadas de las paredes hace 56 años —por orden del arquitecto Luis Menéndez-Pidal, entonces conservador de monumentos del Noroeste—, enrolladas y cubiertas de papel de periódico y arrumbadas en la capilla de la Magdalena. Así pues, la primera parte de la gran transformación de San Isidoro ha consistido no sólo en la recuperación, restauración y reposición de esas pinturas —aún en curso—, sino en la reintegración de la cámara a sus parámetros originales, muy modificada por orden de Menéndez-Pidal para otorgarle un artificioso «aspecto medieval» tan en boga hace medio siglo, tal y como explicó el director general de Patrimonio, Enrique Saiz.

Los trabajos, presupuestados en unos 380.000 euros, han sido adjudicados a la empresa madrileña Taller de Arte Granda, están siendo muy delicados y laboriosos y requieren de los últimos conocimientos y tecnologías en la materia, apuntó Saiz. «La portada de la cámara se ha trasladado a su lugar original, el que ocupaba hace seis décadas, en la conexión con la biblioteca», dijo el director general con respecto a la gran puerta de la estancia que a lo largo del tiempo ha sido tribuna real, oratorio, celda, escritorio, sala capitular y hasta ahora sala del tesoro, donde durante mucho tiempo se mostró el famoso Cáliz de Doña Urraca hasta su traslado a una sala acorazada.

La reintegración de las pinturas también se sale de lo habitual: en vez de volver a fijarse en las paredes, se instalarán en «soportes móviles» para que el visitante pueda observar, en el mismo espacio, tanto las pinturas del XVI —adscribibles al gótico temprano— como otros vestigios aún más antiguos. Una «sofisticada solución», como la calificó, que permitirá contemplar varias capas pictóricas a la vez y en el mismo lugar en el que fueron colocadas. Todo un complejo proceso encaminado no sólo a restituir la importancia de esta estancia sino también con la mirada puesta en la nueva estructura del museo. Porque, tal y como se explicó hace un año, el recorrido de la visita se renovará y modificará casi por entero: se habilitará una nueva entrada, se abrirán al público capillas, parte superior del claustro, torre del gallo y murallas romanas, y el itinerario concluirá con lo más espectacular; el Panteón Real de los monarcas leoneses, también llamado ‘la Capilla Sixtina del Arte Románico’, que en cambio es en estos momentos lo primero que se visita. Los representantes públicos y de la Fundación cifraban entonces en un aumento «por tres» de la superficie visitable de la Colegiata. Responsable de la remodelación, además, es el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, artífice de otras grandes reformas como la del Museo Arqueológico Nacional o la del Museo de la Alhambra.